MELODÍA VERBAL
José María Vargas Vila
VEN, AMADA
- En el mar de lo infinito, boga y llega el mensajero; el bajel que trae la noche;
- tenebroso como un muerto, lentamente va avanzando, con sus velas de misterio...
- ¡el bajel que trae la noche!...
- ¡tenebroso como un muerto!
- ¡oh, las tardes del Otoño, precursoras del del Invierno!...; ¡cómo cantan con sus ritmos de colores, en los mares y, en los cielos!
- ¡oh, las tardes del Otoño, las auroras del Invierno!
- ¡ya el Crepúsculo se muere en la sombra y, el Silencio!...
- ¡oh, la muerte del Crepúsculo, el poeta del ensueño!...
- ya se besan en la sombra, en divino Epitalamio, las estrellas soñadoras y, los pálidos geranios, cuyos pétalos, muy tristes, van cayendo lentamente, como sueños que se mueren en su nítida blancura;
- ¡oh, los sueños de las flores!
- ¡oh, la la muerte de los sueños!
- a la luz del Plenilunio, albas rosas de Tarde, van abriéndose, como almas, que escucharan en su angustia, el coloquio formidable de la Sombra, y el Misterio...
- ¡oh, las rosas de la Tarde!
- ¡oh, las rosas del Silencio!
- ¡oh, la amada, de mi vida! ¡oh, la Amada de mis sueños!... ¡ilumina este crepúsculo con la lumbre de tus besos!... de tus besos, que son astros...
- y, el perfume de tus labios, caiga en mi alma, como un bálsamo de Ventura y de Sosiego...
- ¡oh, los rojos tulipanes de las frondas de tus besos!...
- ¡oh, la Amada!
- ¡oh, bien Amada!...
- ven, reclina tu cabeza, tu cabeza triste y, blonda como el halo de una estrella; ven, reclínala en mi pecho;
- ¡tu cabeza perfumada por los místicos Ensueños!
- ¡oh, tu pálida cabeza!...
- ¡oh, mi reina, coronada con las rosas entreabiertas en praderas ignoradas y, el silencio de las selvas;
- de las selvas, que te guardan su perpetua primavera;
- de las selvas, donde viven mis ensueños de Poeta!...
- tu cabeza con un nimbo de jazmines y violetas;
- que me toque la caricia de tus grandes ojos negros; algas verdes que se mecen en los mares muy remotos, de la Gloria y del Ensueño;
- que me toquen con sus alas, tus libélulas de fuego;
- ¡oh, los ojos de la Amada, misteriosos y serenos!
- playas tristes, donde mueren las oleadas del Deseo!...
- que los lirios de tus manos, cual capullos entreabiertos, como brisas perfumadas, como rayos de un lucero, se deslicen en la selva autumnal de mis cabellos, y serenen mis pasiones tempestuosas y, soberbias, y dominen la Implacable Rebeldía de mi cerebro;
- mi cerebro que es tu Arca;
- mi cerebro que es tu templo;
- mi cerebro, donde imperas, tú mi diosa, entre la mirra que te queman mis pasiones, y, los cirios del deseo, y, mis himnos amorosos, y, el perfume que te brindan las corolas de mis versos...
- y, una flor que se abre augusta, con sus pétalos soberbios; una flor, en holocausto ante T: mi Pensamiento;
- ¡oh, los lirios de tus manos, donadoras del Deseo!...
- ¡oh, los cirios de mi Templo; y, las rosas de mis Versos!...
- por las flores del Crepúsculo;
- por las rosas del Silencio;
- por las algas de tus ojos;
- por las frondas de tus besos;
- ven, reclina tu cabeza, en la sombra de mi pecho...
- ¡bien amada! ¡bien amada!.. ven, te esperan ya mis besos, que murmuran como olas en las playas del Silencio...
- ¡bien amada! ¡bien Amada! ven, responde a mi deseo...;
- ven, unamos nuestros labios, en un beso que sea eterno...
- ven, unamos nuestros cuerpos, cual dos llamas de un incendio...
- ...................................................................................
- ...................................................................................
- ...................................................................................
- Ven, mi Amada, que es la hora;
- ven, mi amada, que aún es tiempo;
- ¿tú no sientes como pasa la caricia del momento?...
- ven, y amémonos;
- aún es hora...
- ven, y amémonos, que aún es tiempo...
- aún hay flores en el bosque;
- aún hay luces en el cielo;
- aún hay sangre en nuestras venas y, palpitan nuestro besos...
- son las tardes del Otoño, precursoras del Invierno;
- ven, tus ojos agonizan en las ansias del Deseo...
- aprisione yo tus manos, y tus labios y, tus senos;
- y, te brinden sus perfumes, las corolas de mis besos;
- es la hora del Crepúsculo...;
- todo se hunde en el silencio;
- es la tarde en nuestras almas... y la noche avanza presto...
- nuestras vidas, ya se pierden en los valles del Misterio;
- aún dibuja la ventura, un miraje en nuestro cielo;
- es la hora de las almas...
- es, la hora de los besos...
- ven, y reposa tu cabeza blonda, sobre mi ardiente pecho de poeta;
- ven, y reposa tu cabeza blonda, como una mariposa en una flor;
- y, que me bese tus ojos verdes, la caricia profunda y,
- tentadora...
- ¡oh, la caricia de tus ojos verdes! ¡la caricia furtiva de la ola!...
- deja que estreche los capullos blancos, de tus pálidas manos de azahar...
- y, que el lirio de tu rostro, la sombra de mi rostro se proyecte;
- y, que caiga mi beso entre tus labios, como el nido de un pájaro en el mar;
- que me bañe la Gloria del Crepúsculo, que irradia tu opulenta cabellera...
- que te cubra con mis labios, con mis brazos, con mi cuerpo...
- ven, y unamos nuestras bocas, en un beso que sea eterno...
- ven, y unamos nuestros cuerpos, cual dos llamas de un incendio.
IBIS
J. M. Vargas Vila
- 75 -
Un gran cisne, cisne negro, silencioso, prisionero, en la nieve
inmaculada de algún lago limpio y terso, semejaba en la almohada tu cabeza
escultural, toda oculta en la opulenta cabellera destrenzada, que en mil ondas
tumultuosas y soberbias ondulaba, cual las aguas de un torrente, tras un recio
vendaval...
Un gran lirio, lirio abierto en la fronda lujuriante de un remoto país de
sueños, bajo un cielo en nubes pálidas de un color límpido azul, tu albo
cuerpo semejaba, en los nítidos encajes, y los amplios cobertores y los tenues
cortinajes, ligeros y ondulantes te envolvían en una nube de opalino, índigo
tul…
Un pichón de garza, blanco, con el pico rojo y suave, tembloroso y
agitado, como el pecho de alguna ave, de esas aves que semejan bellas flores
de la escarcha, de esas aves de la Idalia, que acompañan en su marcha, en su
marcha triunfadora, a la diosa del Amor, asomaba un solo pecho, de las gasas
escapado de las gasas del tocado, del tocado que deshecho, permitía que así
brotara esa flor divina y rara, semejando entre las blondas, un nenúfar en las
ondas, o algún níveo azahar en flor…
Una mano de alabastro, blanca y tersa, cual si un astro con luz tenue
coloreara ese cutis de marfil, en los rojos cobertores que ocultaban tus
primores, me indicaba, ¡oh, mano blanca! por qué Venus la de Milo, está
trunca y está manca, pues sus brazos y sus manos, en belleza soberanos, tú los
tienes, y el Destino los había hecho para ti…
Un silencio rumoroso, idólatra, religioso, un silencio de Santuario,
había en torno a ese Sagrario, donde inerte y descuidada, ¡oh, mi diosa! ¡oh
mi adorada! Y, en la atmósfera vagaban mil perfumes que embriagaban, y en
los ruidos vagarosos había besos amorosos, que vibraban y cantaban en el
rayo de la luz…
De rodillas ante el lecho, con las manos en el pecho, conteniendo los
latidos de mi pobre corazón, yo en silencio te adoraba, y en silencio te
adoraba, y en silencio recordaba que esa noche ya pasada, ¡oh mi blanca
desposada! te dormiste entre mis brazos, y al reclamo de mis besos, y al calor
de mis abrazos, se abrió tu alma a mis caricias, de tu amor con las primicias,
como al rayo de sol fúlgido la rosa abre su botón. Y al mirarte así rendida,
recordándote vencida, busqué un sitio, y a tu lado, yo el león domesticado la
cabeza recliné...
Y pensando en el Hastío, y el Olvido hosco y sombrío, y pensando en
que pudieras olvidarme o yo perderte, tuve miedo de la vida, sentí anhelos de
la muerte, lloré mucho, y en silencio, en silencio la imploré…
* * *IBIS
J. M. Vargas Vila
- 75 -