Han transcurrido ya muchos soles
por este cielo azul turquí,
para expirar, entre arreboles,
tras esa loma que ves de aquí.
Surge Selene del Iliniza
cual hostia nívea y colosal,
ancla la noche a su grandeza
con la indolencia que es habitual.
En el risueño pénsil yalense,
como si fuese el mismo Edén.
Todo parece seguir igual.
Mas se halla ausente el gran
sigchense,
quien fue su guía, faro y sostén.
¡Oh, en el fondo nada es igual!